‘Maestro
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Definiendo al Ego Amigo 1: Tengo un problema. El Curso parece presentar el concepto del ego como algo malvado, lo cual es opuesto a mis lecturas en psicología, donde se dice que debes tener un ego fuerte. Esto crea un conflicto real en mi comprensión, y tú suenas como alguien que está bien preparado para lidiar con esto. [Risas] David: Bueno, hablemos del ego, descubrámoslo. El asunto con el ego es que no hay que intentar lucharlo o combatirlo, pues le encanta pelear. El Curso dice que sólo hay que verlo. La única razón por la cual los temores se mantienen es porque tratamos de no verlos. ¿Alguna vez has soñado que algo te persigue? Tú no quieres voltearte y verlo. Y Jesús sencillamente está diciendo: “No hay por qué temerle. Podemos verlo directamente, y se esfumará como una bocanada de humo”. Yo estudié psicología y psicoanálisis. La psicología freudiana describió a estas fuerzas intra-psíquicas. Básicamente dice que, entre el “id” (todas las fuerzas inconscientes) y el “súper ego” (la voz de la moralidad), se encuentra el “ego”. El ego actúa como un mediador en ese sistema. Si es un mediador entre esas dos fuerzas combatientes en la mente, es ahí de donde surge la idea de querer construir un ego fuerte. Pero todas las partes – el id, el ego y el súper ego – son parte de lo que usamos para referimos al ego. Hay otra parte de la mente a la cual la psicología freudiana nunca llegó, la cual es el Espíritu. Cuando estudiaba psicología, seguía en busca del Espíritu. Preguntaba: “¿Cómo podemos integrar la religión y espiritualidad con la psicología si parecen ser antitéticas?”. Luego comencé a leer física cuántica. Algunos de las físicos cuánticos hablaban de la percepción, y que no hay realidad en el mundo separado de lo que piensas. Hicieron experimentos a doble ciego con partículas en donde intentaron remover al experimentador del experimento, pero descubrieron que las partículas eran movidas por los pensamientos del experimentador. No pudieron de ninguna manera remover al experimentador del experimento. Todo esto apunta a la idea que este mundo es subjetivo, que la mente está involucrada. Comencé a darme cuenta que la psicología no me estaba ayudando; era muy pesimista. Debía existir otra parte de la mente. Luego comencé a leer filosofía oriental acerca del Ser Superior, y tuve la sensación de: “Sí, eso resuena conmigo, debe haber un Ser Superior más allá del ser pequeño”. Amigo 1: Tengo la impresión que te familiarizaste también con el enfoque de Jung (Carl). ¿Cómo se compara tu enfoque con el de Jung? David: Jung tomó la idea de Freud del inconsciente, y la llamó “el colectivo inconsciente”. Él comenzó a ver que había algo, el Ser Superior, más allá del inconsciente. Este Ser Superior, Jung dijo, era capaz de comunicarse a través de sueños y símbolos con arquetipos de amor y así sucesivamente, y que habían maneras de despertar a ese entendimiento de este Ser Superior. Un Curso de Milagros cabe muy bien en la psicología de Jung, en el sentido de que propuso que existía un inconsciente con todas estas creencias debajo de la superficie, y que tenías que ponerte en contacto con estas creencias. Y eso es también lo que dice el Curso. Jesús está diciendo que hay muchas creencias inconscientes, y que hasta que las veas te harás consciente de ellas, de lo contrario te controlarán. Tú has preguntado acerca de definir al ego, y hay un punto al final del texto donde Jesús dice que no puedes definir algo que es nada, lo cual es interesante; es como si estuviera otorgándole realidad si lo definiera para ti. Pero nos dice que podemos apuntarle al lado opuesto, y el opuesto al ego en cualquier manera es un milagro. Entonces, luego que habla acerca del ego como la nada que es, de nuevo apunta a lo positivo, a la mente recta, a la divinidad. Alguien me preguntó un día: “¿Entonces el ego debe morir al final?”. Y le dije: “Bueno, puedes verlo de esa forma, pero debes creer que vivió antes de creer que podría morir”. He escuchado a personas que trabajan con el Curso decir: “Ama a tu ego”, o “Odia a tu ego”, y muchas veces cuando la gente lee el libro percibe que el ego no elabora ningún plan de bien. Pero Jesús dice que tú hiciste al ego al creer en él, y que puedes desvanecer al ego al dejar de creer en él. Amigo 2: Eso es lo que me molesta. Siento a veces que se invierte mucha emoción tratando de destruir a este ego, como si hubiera reemplazado al diablo. David: Jesús dice que tuvo que hablar de esa manera para que no lo tomáramos a la ligera. Y ahí es cuando Él introduce la idea de que es obviamente sólo una creencia. Tú lo hiciste al creer en él, y así mismo lo puedes desvanecer. Pero él dice eso acerca de Satanás para que no sea ignorado, porque esa es la parte del mecanismo de defensa del ego: de simplemente echarlo por debajo de la superficie, de reprimir o negarlo; pero luego y de repente el miedo aparece de nuevo. Este es un Curso en desvanecer el ego, no en tratar de matarlo. Amigo 2: Eso es lo que me molestó, que parecía ser una batalla. Creo que sería más fácil retirar tu energía de ese sistema de creencias que tratar de luchar contra él. David: Al final esto es todo lo que es desvanecer al ego: recordar reírte de él. Ahora, cuando la mente se encuentra en un estado de sueño, hay una parte de la mente en donde vive el Espíritu Santo, y el Curso le llama a ésta la mente recta; a eso le llamamos cordura. Esta es la conexión hacia Cristo y el Padre. Y la parte obscura de la mente es donde el ego mora. Al decir “Ama al ego” es como si se dijera, “Ama nada”. Para amar verdaderamente algo, debe primero existir. De modo que el Curso definitivamente no está diciendo: “Ama al ego”, y definitivamente no está diciendo: “Odia a tu ego”, porque, como mencionabas hace poco, cuando luchas contra él, éste parece rugir aún más. El ego no tiene ningún plan de bien en el sentido de que el propósito del ego es enfermedad, fragmentación, culpa, pecado y muerte. Y el propósito del Espíritu Santo es sanar y despertar. Y es importante comenzar a notar la diferencia entre los dos, de lo contrario pensaremos que el ego tiene algo que ofrecernos. Y mientras creamos que tiene todavía algo que ofrecer, entonces seguiremos invirtiendo en su forma de pensar, y seguiremos sintiendo culpa; seguiremos sintiendo dolor y separación. Amigo 3: El Curso habla mucho acerca del ego, no porque sea real sino porque la mente dormida cree que es real. Y en la medida que crea en él, tiene todavía de dónde aferrarse. De modo que Jesús está diciendo simplemente que es así como funciona; esto es lo que debemos observar; esto es lo que sucede en la mente que cree en el ego. Y cuando puedes comenzar a ver lo que es y reconocerlo por lo que es, entonces esa es nuestra salida. Amigo 1: Sí, ¿pero no es el ego nuestra personalidad? Amigo 4: No. Tu personalidad es tu personalidad, ¿no es así? David: Todas nuestras personalidades son diferentes. Algunas personas parecen ser agresivas y extrovertidas, otras parecen ser tímidas y reservadas. Algunas personas parecen ser intelectuales y otras personas parecen ser más sensibles y sensitivas. Cuando hablas de la personalidad hay enormes variaciones. A veces las personas piensan que las personalidades son complementarias, pero a veces parecen entrar en conflicto. Frecuentemente entre marido y mujer, novio y novia, o dentro de una familia parecen haber diferencias abismales de personalidad. Donde sea que haya conflicto, no es el Espíritu Santo quien está involucrado; es un fundamento del ego. Básicamente, la “personalidad del yo” es lo que el Curso llama el “concepto del yo” con una “y” minúscula, en vez de una “Y” mayúscula para el Yo Soy, o el Ser de Cristo. El concepto del yo es parte de una estructura que se hizo cuando la separación pareció ocurrir. La idea de que era posible separarse de tu Creado fue horrorosa. La separación no fue verdad, pero tu mente lo creyó por un instante, el “instante profano”. La mente estaba tan asustada que intentó escapar de Dios hacia la oscuridad tan lejos como fuese posible; fue entonces cuando comenzó a acumular creencias. Dios colocó la respuesta, al Espíritu Santo, instantáneamente en la mente, donde se encontraba el problema. Pero era insoportable para la mente aferrarse a ambos sistemas de pensamiento simultáneamente. Así que la mente inventó un mundo para proyectar todo sobre él, como una pantalla de cine. Y el ego dijo: “Proyéctese la ruptura afuera sobre la pantalla”. Luego podías olvidarte de la separación en la mente y ver entonces la dualidad afuera en el mundo. De modo que la mente durmiente ve un mundo de dualidad: masculino, femenino; bueno, malo; correcto, incorrecto; caliente, frío; rápido, lento… Amigo 3: Víctima, victimario. David: Víctima, victimario. Esa es parte de la gigantesca ilusión óptica. En vez de ver hacia dentro en la mente y observar que tengo una división en ella que debe ser sanada, el truco es que la división se ve como si estuviera afuera en el mundo. Tenemos a los buenos y a los malos, como en las viejas películas de vaqueros. Entonces, yo dividí a mis hermanos en dos campos, y ahora puedo echarle la culpa y enojarme con los victimarios y tenerles lástima a las víctimas. El Curso dice que es un truco, una estafa. Cuando culpas a los recaudadores de impuestos, o culpas a tus padres, a tu pareja, a tu jefe, o al clima, estás tratando de arrojar la culpa que sientes, la indignidad que sientes, hacia ellos. Pero eso en verdad no resuelve nada; no se libera del problema, porque cuando haces eso la mente cree que de alguna forma tus proyecciones van a regresar, y es ahí cuando se pone a la defensiva. Si tú alguna vez te has encendido en furia y has atacado a alguien, posiblemente temiste que le fueran a contar a tus amigos o algo por el estilo. Tan pronto como el ataque sale, entonces piensas algo así como: “¡Oh, cielos! ¿Qué hice?”. Y luego te pones a la defensiva. Amigo 2: ¿Es orgullo parte del ego? David: Esa es una buena pregunta, porque recibí instrucción cuando crecía que debía sentir orgullo por ciertas cosas. ¿Es bueno o malo el orgullo? Jesús habla acerca de los usos del cuerpo del ego, y el orgullo es uno de ellos. El orgullo siempre está basado en la forma. Hay identificación con el cuerpo: “Estoy orgulloso de mi herencia étnica. Estoy orgulloso de ser americano. Estoy orgulloso de mi riqueza”. Todo está basado en la forma, basado en el mundo, porque todo está basado en cosas externas. Jesús dice: “Tu valía la estableció Dios (…) nada de lo que hagas o pienses o desees es necesario para establecer tu valía”. T-4.I.7 Nuestro Padre Celestial es la única base para nuestro valor, pero el ego inyecta orgullo ahí: “Tú puedes hacer un yo más grande y mejor”. Es una trampa. Cuando logras obtener las posesiones que creías te harían feliz, y las relaciones que creías te harían feliz, todavía te sientes así como: “Seré feliz cuando…”. Y el ego dice: “Sigue jugando ese juego. Busca y no encuentra. Sólo sigue buscando”. El orgullo es tan furtivo que te tiene dando vueltas y vueltas en un círculo, como un perro yendo tras su propia cola. Jesús dice: “No podemos formular realmente una definición de lo que es el ego, pero sí podemos decir lo que no es”. C-2.4 Y continúa luego describiendo el estado del milagro. El ego se disuelve en la mentalidad recta. Jesús también dice en la Lección 223: |
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